Claves principales para la innovación en las pymes

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A pesar del impacto que está teniendo en las pymes la transformación digital, no todas aceptan fácilmente el reto de dejar de hacer las cosas como siempre para implementar nuevos procesos y metodologías. Sin embargo, los efectos que provoca una innovación adecuada en el ámbito de las pequeñas y medianas empresas -optimización de la calidad, rebaja de los costes y, en general, incremento de la eficiencia- anima a estas organizaciones a poner en práctica proyectos innovadores, incluso también en el entorno de su gestión.

La innovación es un reto que deben encarar las pymes, si lo que buscan es el reconocimiento de sus clientes a través de la mejora continua. Innovar requiere de un planteamiento ordenado y planificado, dirigido a la consecución de unas metas auditables y medibles y que, en cualquier caso, deberá poner el foco en mejorar significativamente procesos, productos, servicios o metodologías.

Así, desde la empresa desarrolladora de software de gestión empresarial para pymes Datisa (https://www.datisa.es/) se insiste en la necesidad de que la innovación forme parte de la cultura y la estrategia corporativa, que impulse el trabajo en equipo y la colaboración y que contribuya a la transformación de los esquemas funcionales establecidos.

En cuanto a las etapas que se deberían incluir en el manual ideal del buen innovador destacarían las siguientes:

Identificar todo aquello que se quiera cambiar, determinando sobre qué áreas de mejora queremos centrar la innovación. Identificar procesos o sistemas concretos siempre suele ser mejor que tratar de abordar grandes retos. En las pymes el campo de prueba suele estar limitado por los presupuestos.

Buscar apoyos dentro de la organización, estén o no implicados en el proyecto de innovación que queremos implementar. De hecho, muchas veces se ven las cosas de una manera más objetiva, cuando no nos afectan directamente. Hay que explicar con claridad lo que se quiere hacer, los recursos, herramientas y presupuestos que queremos utilizar y las mejoras que esperamos obtener.

Definir con claridad la propuesta de valor de la innovación, es decir, qué objetivos se persiguen, cuáles serán las fases del proyecto y los hitos a conseguir, quiénes participarán en el proyecto, que ayudas serán necesarias -externas y/o internas-…

Analizar el punto de partida, la situación actual de aquello que se quiere cambiar y hacia dónde se quiere innovar. Y, a partir de ahí, diseñar un plan que incluya el esquema de trabajo y la hoja de ruta a seguir, para poner en marcha el nuevo proceso que tenemos en mente.

Las pruebas de concepto siempre son muy válidas, tanto si se acierta como si se falla, siempre que se desprenda conocimiento serán productivas. Eso sí, la empresa no es un laboratorio de pruebas -mucho menos las pymes-, pero presentar un proyecto piloto o un prototipo, o quizá ensayar la iniciativa a pequeña escala, es interesante para avanzar y testar resultados, antes de hacer las inversiones definitivas.

Medir, analizar, evaluar. Si las KPIs determinadas para comprobar no sólo la viabilidad del cambio, sino su eficiencia, la organización estará lista para poner en marcha la innovación a gran escala, impulsando su permeabilidad a todas las áreas de la compañía.

Isabel Pomar, CEO de Datisa, dice que “en términos generales, las pymes deben ser proactivas y estar siempre alertas en lo que a innovación se refiere. Innovar no siempre implica un cambio radical, aunque la mayoría de las veces sí que exige una reingeniería de los procesos, que no siempre es fácil asumir. Sin embargo, para aquellas pymes que tienen interiorizada la necesidad de practicar una innovación activa y continuada les será más sencillo encontrar fórmulas para diseñar nuevos modelos, soluciones o estrategias que refuercen su cambio evolutivo, siempre con la mirada puesta en mejorar la eficiencia y la rentabilidad de su negocio”.